Esta tasa no bajará del 3% al menos hasta el próximo verano, según Funcas.
El precio de la energía cerrará este año con una potente caída de 16 puntos.
Los alimentos elaborados se encarecerán un 13%, más incluso que en 2022.

La inflación subyacente, que excluye a los alimentos y la energía, y el endurecimiento de la política monetaria centran las preocupaciones de los agentes económicos. No es para menos, ya que las previsiones de casi de 20 think tanks e instituciones económicas mantienen en cotas elevadas este IPC subyacente: tanto el consenso de Funcas, que reúne a los principales analistas del país, como organismos del nivel del Banco de España, descartan que el motor de la inflación ceda por debajo del 4% este año.

Hay un consenso entre las principales casas de análisis que mantiene esta tasa subyacente rondando el 6% de media al término de 2023. También lo instituciones. El Banco de España, la pasada semana, revisó dos décimas al alza –hasta el 4,1%- el IPC subyacente esperado. También la Comisión Europea lo mantiene por encima de esta barrera, aunque no detalla una cifra concreta, al igual que otras instituciones internacionales como la OCDE.

Un mal augurio para la economía que, aún en fase de despegue tras la pandemia, convive con la crisis de precios. La energía, que acumula tasas negativas en la comparativa mensual durante todos los meses observados este año a excepción de febrero, ya no es el factor que más presión ejerce sobre los precios en España. Desde que los precios comenzaron a repuntar en primavera y verano de 2021, los analistas coincidían en centrar el tiro en la inflación subyacente, cuya menor volatilidad da señales del mayor o menor enquistamiento de la subida de precios en la economía.

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Fuente: El Economista