Su efecto dependerá del tipo de negocio que le ocupe.
Tampoco hay que desatender la economía personal.

Al igual que el resto de la ciudadanía, uno de los colectivos que más está sufriendo el golpe de la inflación es el de los autónomos. Estos trabajadores lo pueden percibir, además, en un doble sentido: tanto en el lado de los gastos como en materia de ingresos.

Sin embargo, el impacto de esta inflación nunca será igual en un negocio que en otro. Por eso es importante atender a la propia naturaleza de nuestro negociado para, después, elaborar una serie de líneas de actuación que permitan protegerse, en cierta medida, del aumento de los precios.

La asesoría especializada Declarando apuesta por estudiar cuál es la influencia de la inflación en nuestro negocio. «Se trata de ver en qué medida está afectando a los gastos del día a día de nuestra actividad, de analizar la inflación personal», resume Juanjo Traver, economista y cofundador de Declarando.

Pero no solo eso: para el autónomo es igual de importante conocer cómo le afecta la inflación en el plano personal debido a que una bajada en sus ingresos, acompañada de un aumento del nivel de vida, puede abocarle a una situación económica muy complicada.

Por todo este delicado cóctel es clave tener en cuenta qué comportamientos pueden ser de ayuda de cara al negocio personal. Declarando apunta hasta cinco consejos que significan un apoyo importante en estos tiempos de inflación:

Analizar el impacto de la inflación en el negocio.

Todo dependerá del negocio en sí y qué gastos conlleva: la inflación no afectara igual a un autónomo cuya actividad obligue a adquirir bienes que se han visto especialmente ‘tocados’ por una subida de los precios que a otros que puedan torear mejor ese impacto en los precios.

Cambiar la estrategia de fijación de precios.

Es de manual: si los costes suben pueden obligar a los autónomos a modificar los precios para mantener el margen de beneficio estimado o como mínino no perder dinero. En este punto surge un problema para el autónomo, ya que es importante cómo se encara la subida de los precios.

A menudo, los clientes son renuentes a pagar de más, por lo que el autónomo tendrá que asociar esta subida a alguna mejora en el servicio o producto, un valor extra que justifique el aumento. Algo que tendrán más complicado los sectores con menor flexibilidad o mayor competencia.

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Fuente: El Economista

La inflación está detrás del incremento de los costes de producción y la reducción de la capacidad de compra de los consumidores.

La invasión de las tropas rusas de Ucrania el pasado 24 de febrero ha supuesto un antes y un después en la economía, precisamente cuando parecía que la pandemia estaba dando sus últimos coletazos. La incertidumbre generada por el conflicto está cotizando en el sentimiento de los empresarios, si bien es cierto que menor de lo que podría pensarse.

De hecho según se desprende del último informe ‘Perspectivas España 2022’, realizado por KPMG en colaboración con CEOE, el 77% de los empresarios o directivos espera aumentar su facturación a lo largo del presente ejercicio, y cerca de la mitad, en concreto el 48% espera que su crecimiento sea superior al 5%.

En este contexto de incertidumbre hay que destacar que el 46% de los directivos consultados en la encuesta que se realizó una vez conocido el ataque ruso, se manifestó a favor de aumentar sus plantillas, frente al 11% que responde negativamente. Los sectores más activos en generar nuevos empleos serán aquellos de componente tecnológico, salud y private equity.

El 36% de los encuestados considera que la subida de impuestos en estos momentos es una de las amenazas para la economía española para los próximos 12 meses.

Lo que si ha enfriado radicalmente el conflicto bélico han sido las perspectivas económicas a 12 meses, ya que el porcentaje de encuestados que preveía que la economía española iría a mejor o mucho mejor antes de la guerra, en el sondeo realizado entre diciembre de 2021 y enero de 2022, se reduce a la mitad, pasando del 43% al 21%. Los que anticipan que evolucionará a peor o mucho peor crece 26 puntos, pasando del 19% al 45%.

El sector turístico es el que hoy por hoy está liderando la salida de la atonía impuesta por la pandemia, mostrando de cara al verano una mejora de las previsiones. Este hecho es el que condiciona que aquellos directivos de comunidades donde este sector tiene un peso relativamente elevado, tengan una visión más optimista como es el caso de Baleares y Canarias.

Algo más de un tercio de los encuestados, el 37% señala en la encuesta que ha revisado o está revisando su estrategia para 2022, mientras que el 41% no lo han hecho aún porque su reacción dependerá de como evolucione la guerra.

Otro hecho sobre el que se les ha preguntado a los directivos españoles, ha sido si se han visto afectados por las sanciones impuestas a Putin y las contrasanciones realizadas por Rusia. Las respuestas arrojan que el 19% si se ha visto afectado por las medidas, siendo las de carácter financiero, como el cierre del acceso al marco Swift, la prohibición de realizar transacciones con los bancos rusos, las de mayor influencia.

LOS DEBERES PRIORITARIOS PARA EL EJECUTIVO

Mitigar el impacto de la inflación en la economía es para el 69% de los encuestados la principal prioridad a la que debe hacer frente el Gobierno a lo largo de los próximos 12 meses. Que los precios estén a niveles no vistos desde hace varias décadas está siendo crucial en el incremento de los costes de producción y la caída de la capacidad de compra de los consumidores ha provocado que para el 77% de los directivos sea una de las principales amenazas para la economía.

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Fuente: Cinco Días

Su incidencia en el IRPF se producirá en las declaraciones correspondientes a los ejercicios en que aquellas cuotas se incluyeron.

¿Cuál es el criterio de imputación temporal de la devolución por la TGSS del exceso pagado por cuotas del RETA sobre la tarifa plana que puede aplicar con carácter retroactivo un trabajador autónomo socio de una entidad, si las cuotas satisfechas por la entidad las había reflejado como rendimiento del trabajo en especie y también como gasto deducible?

El 20 de julio de 2020, la Subdirección General de Ordenación e Impugnaciones de la TGSS comunicó el cambio de criterio en la interpretación del artículo 31 del Estatuto del Trabajador Autónomo, como consecuencia de la nueva jurisprudencia del Tribunal Supremo que considera aplicables los beneficios de cotización de la llamada tarifa plana también a los trabajadores autónomos socios de sociedades anónimas o limitadas, con carácter retroactivo, y obliga a la Seguridad Social a devolver el importe del exceso cotizado.

En el supuesto planteado, el autónomo societario, había declarado en el IRPF las cotizaciones como rendimientos del trabajo en especie y se las había deducido como gasto en el ámbito de esos rendimientos.

La regla general para los rendimientos del trabajo es su imputación al período impositivo en que sean exigibles por su perceptor.

Por tanto, la devolución de cotizaciones no tiene incidencia en la declaración del IRPF correspondiente al ejercicio en que la devolución se apruebe y realice.

Al tratarse de unos importes indebidamente abonados a la TGSS y que son reintegrados al socio y por éste a la sociedad (mediante el pago directo por parte de la TGSS al empleador), su incidencia en el IRPF se producirá en las declaraciones correspondientes a los ejercicios en que aquellas cuotas se incluyeron como retribución en especie y como gasto, lo que dará lugar, en su caso, a la solicitud de rectificación de las autoliquidaciones o a las declaraciones complementarias correspondientes.

Normativa/Doctrina

  • Artículo 31 Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del Trabajador Autónomo.
  • Artículo 14.1 Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del IRPF.
  • Artículo 120.3 y 122 Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria.
  • Consulta Vinculante de la DGT V2887-21, de 18 de noviembre.
  • Sentencia TS 3-12-2019, Rec. 5252/2017 y otras posteriores.

Fuente: AEAT

Si crees que el Cash Management es la simple gestión del efectivo de tu negocio, no sigas leyendo. Porque en este artículo descubrirás cinco pilares sobre los que se asienta la verdadera gestión de Tesorería.

“Las empresas mueren por la caja no por la cuenta de resultados”. Todavía recuerdo esta frase de mi profesor de Economía de la Empresa en la Universidad. Esta simple afirmación cambió mi percepción sobre lo que hasta entonces había considerado buenos o malos negocios.

La mayoría de las personas siguen valorando el éxito o fracaso de una empresa por su cuenta de resultados: beneficio o pérdida. Sin embargo, esa no es la auténtica vara de medir. El verdadero rasero se encuentra en la capacidad de generar cash, de generar dinero. Porque vender es importante, pero cobrar, lo es más.

En el mundo de los negocios la venta es el arte supremo, si no vendes no hay negocio, pero no basta con vender. Si tras la venta no hay una contraprestación monetaria a tu producto o servicio, ¿para qué vendes?

La mayoría de las acciones que preceden a una venta suponen un coste, un compromiso de pago para aquel que genera un producto o servicio. Una vez generado, la venta se convierte en un compromiso futuro de cobro para aquel que vende. Un “premio” por su trabajo. Sin esa recompensa, el mundo de las empresas y los negocios con ánimo de lucro no tendría sentido.

La gestión del dinero, que se intercambia en forma de cobros y pagos, es el corazón del Cash Management, pero esta definición sería demasiado básica para ti que sigues leyendo este artículo. Por ello, a partir de ahora hablaremos de Cash Management como el conjunto de medidas estratégicas y organizativas que afectan a los flujos monetarios y a los resultados financieros de una empresa o negocio.

Como ya habrás adivinado, el Cash Management o la gestión de Tesorería es una actividad que tolera mal los errores, siempre caros en el sentido más monetario de la palabra. Sin embargo, su buena gestión aporta la satisfacción de ese valor añadido diferenciador que nos hace ser percibidos como buenos profesionales y que permite a nuestro negocio u organización ser más competitivo en un entorno cada vez más exigente.

Si hablamos de beneficio y cash, podemos establecer cuatro tipos de situaciones que se pueden dar en un negocio:

  1. No tener beneficios ni generar cash: negocio herido de muerte o zombi.
  2. No tener beneficios y generar cash: el no tener beneficios puede deberse a una situación puntual como un exceso de inversiones en activos amortizables.
  3. Tener beneficios y no generar cash: por ejemplo, por una mala gestión de los períodos de cobro/pago.
  4. Tener beneficios y generar cash: un negocio muy saludable.

Si quieres formar parte de las empresas o negocios del tipo 4 y gozar de buena salud, te invito a descubrir cinco pilares del buen Cash Management:

1.-Controla tu posición.

La posición de tesorería es el punto de partida de una buena gestión. Conocer cuáles son y serán los saldos previstos en tus entidades financieras te permitirá poder hacer frente a los pagos comprometidos de tu negocio. Porque no hay nada peor que no saber si tienes liquidez para pagar tus deudas.

El cálculo de la posición de tesorería se realiza combinando los movimientos reales de cobros y pagos junto a las previsiones, todos ellos en fecha valor (fecha desde la que se devengan intereses y a partir de la cual se puede disponer del dinero). Lo habitual es que se realice a diario y que su proyección sea a corto plazo. Este cálculo ayuda a:

  • Detectar con antelación posibles desfases entre cobros y pagos y reajustar las políticas de cobro/pago.
  • Tomar decisiones de financiación o de inversión de fondos con un horizonte más amplio y con cantidades más precisas.
  • Minimizar saldos ociosos que generan ineficiencias en el resultado financiero.
  • Controlar y reclamar las condiciones firmadas con las entidades financieras en nuestra operativa diaria

Si todavía no cuentas con una posición de tesorería periódica y bien definida, es el momento de que te pongas manos a la obra.

2.- Elabora un buen presupuesto.

El presupuesto de tesorería es un paso intermedio entre el presupuesto económico-financiero y la posición de tesorería. Es una herramienta de decisión táctica más que estratégica, informa del uso de la financiación e inversiones y se realiza a nivel de conceptos presupuestarios. Su horizonte temporal suele ser de un año.

Se elabora a partir de los presupuestos realizados por cada área del negocio: compras, ventas, producción, recursos humanos, marketing…, transformando los ingresos/gastos en cobros/pagos.

El presupuesto de tesorería se caracteriza por ser una herramienta que:

  • Cuantifica los medios a disponer por la empresa para alcanzar los objetivos.
  • Facilita identificar desviaciones y tomar medidas correctoras.
  • Tiene carácter participativo.
  • Es flexible, se adapta al cambio.
  • Detecta ineficiencias en la gestión.

Como todo presupuesto que se precie, es una hoja de ruta, una guía que puede verse modificada por diversas variables, tanto internas como externas. Lo más importante es elaborarlo con la mayor precisión posible, en base a la información pasada, presente y futura, e ir analizando el origen de cada una de las desviaciones que se produzcan. Ello te permitirá mejorar poco a poco y evitar una gran cantidad de imprevistos.

Los presupuestos no son más que declaraciones de prioridades. ¿Tienes claras las tuyas?

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Fuente: Emprendedores

Los sueldos pactados hasta abril aumentan un 2,4% de media, aunque en la industria, la energía, la construcción y el comercio superan el 3%.

Las direcciones de los sindicatos y las organizaciones empresariales rompieron la pasada semana las negociaciones para elaborar conjuntamente las directrices con las que aconsejar a los negociadores de los convenios cómo y cuánto subir los salarios este año y los dos siguientes. Por ello, las cúpulas de las patronales CEOE-Cepyme hicieron ayer público su propio documento de recomendaciones en materia salarial para la negociación colectiva de este año, sin mencionar los ejercicios siguientes. Así, los representantes de las empresas aconsejaron a los negociadores de los convenios en las compañías que “eviten” vincular las subidas salariales a “conceptos tan volátiles como la inflación” y si no tienen más remedio que pongan topes y, en ningún caso sean retroactivas”.

En lugar de esta vinculación a los precios, las organizaciones empresariales propusieron “sustituir conceptos retributivos obsoletos por otros vinculados a la productividad y los resultados” y “avanzar hacia las retribuciones variables”. En concreto pidieron ligar las retribuciones a indicadores “cuantificables” como “la productividad, el empleo, el comportamiento del PIB, el Indicador de garantía de competitividad”, para los sectores. Y, en el caso de las empresas, “a resultados o ebitda”.

Así, a última hora la dirección de CEOE-Cepyme renunció a mencionar cifras concretas de incrementos como las propuestas en la mesa de negociación con los sindicatos (3,5% para 2022; 2,5%, en 2023; y 2% en 2024), aunque estos porcentajes siguen siendo orientativos para los negociadores patronales dado que fueron parte de las conversaciones para el acuerdo salarial.

Dicho esto, admitieron que “es imprescindible tener en cuenta las circunstancias específicas de cada ámbito de negociación modulándolos, en cada sector o empresa, considerando la productividad y el empleo, de forma tal que la cifra resultante permita mantener una posición competitiva”. Pero, en cualquier caso, “dado el contexto global y la incertidumbre respecto del alcance de la recuperación económica, resulta preciso realizar un esfuerzo de moderación salarial para preservar la viabilidad y la competitividad de las empresas y conservar el empleo”. Junto a esta moderación, la cúpula patronal dio algunos consejos para aminorar el impacto de unos eventuales mayores costes salariales: hacer planes colectivos de pensiones para los trabajadores o fijar límites a las cláusulas de garantía salarial si son inevitables. Además consideraron también “imprescindible” que ninguna vinculación al IPC sea retroactiva. Esto es precisamente, lo que exigían los sindicatos –la recuperación a posteriori del poder de compra que se pierda este año– y rechazaban de plano los empresarios, por lo que se rompieron las negociaciones.

Pero si aun así la empresa no puede afrontar subidas de sueldos, las cúpulas patronales recordaron a las compañías “la existencia de mecanismos de inaplicación de las condiciones de trabajo pactadas en los convenios colectivos cuando concurran causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, según el artículo 82.3 del Estatuto de los Trabajadores.

Mensaje al Gobierno.

En este llamamiento a la moderación salarial, los empresarios incluyeron un mensaje al Gobierno, al que sugirieron que suspenda la sobrecotización prevista para enero de 2023 para financiar las pensiones.

Con todo lo anunciado ayer, la guerra con los sindicatos está servida. El líder sindical de CC OO, Unai Sordo, se apresuró a calificar las recetas empresariales como “suicidio económico para el país”. Y añadió que los sindicalistas “no van a consentir que toda la carga del alza de los precios de la energía recaiga sobre los trabajadores” y, por ello anunció: “no pensamos parar el conflicto sino que lo vamos a canalizar hacia los miles de convenios colectivos”.

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Fuente: Cinco Días

«¿Tengo que cotizar a la Seguridad Social?», esa es la pregunta que se realizan muchas personas. Esta duda nace cuando el trabajador realiza una actividad que puede ser susceptible de no pagar impuestos por el poco dinero que se genera o por el tiempo que se dedica.

Sin embargo, a pesar de que es una pregunta muy frecuente, la respuesta es realmente sencilla. Toda persona que realice una actividad laboral debe cotizar a la Seguridad Social.

El caso de los trabajadores por cuenta ajena, asalariados, es bastante más sencillo. Todos tienen que cotizar al Régimen General de la Seguridad Social. No obstante, el caso de los trabajadores por cuenta propia, autónomos, suscita más dudas.

¿Cuándo tengo que darme de alta como autónomo?

Profesores particulares, trabajadores del hogar, expertos que imparten charlas, entre muchos otros profesionales eventuales, cuyas remuneraciones no son especialmente altas tienen la duda de si deben darse de alta como autónomos.

De nuevo, la respuesta vuelve a ser muy sencilla. Todo aquel que genere ingresos por su actividad debe darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), no importa cuánto dinero facturen.

Sin embargo, sí que hay una excepción y no está ligada a los ingresos del trabajador por cuenta propia, si no a la cantidad de tiempo que le dedican a la actividad y a la periodicidad con la que la realizan.

Aquí entra en juego un término muy utilizado en los debates sobre este tema: habitualidad. Es decir, ¿la actividad se realiza de forma habitual? Este es el verdadero factor que importa a la hora de saber si un trabajador debe darse de alta como autónomo.

No obstante, vuelve a aparecer otro problema. No existe ninguna norma que especifique cuántas horas de trabajo convierten una actividad en habitual, las leyes solo dicen que cualquier trabajador que realice una actividad por cuenta propia «de forma habitual» debe darse de alta en el RETA.

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Fuente: El Economista

Los economistas y arquitectos presentan su guía práctica.
Las subvenciones directas están exentas de tributar en el IRPF.

Los años 2022 y 2023 están llamados a ser los que den un impulso definitivo a la rehabilitación residencial en España. El Plan de Recuperación que canaliza los fondos europeos reserva un importante pellizco, de 6.820 millones de euros, a la partida de vivienda, con especial énfasis en las intervenciones pensadas para mejorar la eficiencia energética. Precisamente por eso el Gobierno ha diseñado, con el beneplácito de la UE, un paquete de ayudas e incentivos fiscales pensado para animar a los contribuyentes a llevar a cabo estas obras.

En este contexto, el Consejo Superior de Arquitectos de España y el Consejo General de Economistas de España presentaron ayer la Guía sobre desgravaciones fiscales para rehabilitación de viviendas y edificios residenciales, donde se exponen los nuevos beneficios fiscales y su articulación con los principales impuestos que afectan a la actividad rehabilitadora: el IVA y el IRPF.

Tres deducciones.

El plan establece tres tipos de deducciones y ayudas, dos pensadas para las viviendas particulares y otra diseñada directamente para las intervenciones en edificios residenciales al completo.

Así, por obras en la vivienda habitual que rebajen un 7% la demanda de calefacción y refrigeración, algo que puede lograrse instalando ventanas de altas prestaciones, se opta a una deducción del 20%, con un máximo de 5.000 euros por vivienda al año. La deducción se podrá realizar en el período impositivo en el que se expida el certificado energético, siempre antes del 1 de enero de 2023.

A continuación, las intervenciones que reduzcan el consumo de energía no renovable de la vivienda un 30% o mejoren la calificación energética a A o B podrán beneficiarse de una deducción del 40%, con un máximo de 7.500 euros al año. En este caso, la deducción de las cantidades satisfechas podrá realizarse desde el 6 de octubre de 2021 al 31 de diciembre de 2022 en el caso de la vivienda habitual o una casa alquilada. También en aquellas que estén ofertadas en el mercado del arrendamiento y se alquilen antes del último día del año 2023. Como en el caso anterior, vuelve a ser necesario un certificado energético que valide la intervención.

En el último gran supuesto se llega a una deducción del 60% y un máximo de 15.000 euros por actuaciones de rehabilitación energética en edificios residenciales donde caiga el consumo el 30% o se alcance la certificación A o B. En este caso, recuerda la guía, el momento de deducirse es en los ejercicios 2021, 2022 y 2023, en relación con las cantidades satisfechas en cada uno de ellos, siempre que se hubiera expedido el certificado antes del 1 de enero de 2024.

Tal y como recalcan los economistas y arquitectos en el documento, “las tres deducciones son incompatibles entre sí respecto de la misma obra. Son compatibles la deducción del 60% por las cantidades invertidas en la rehabilitación de edificios con las deducciones del 20% o del 40% por actuaciones en la vivienda particular, siempre considerando que se trata de obras diferentes”.

IRPF e IVA

Los economistas y los arquitectos recuerdan que estas ayudas públicas están exentas de tributar en el IRPF y que, en caso de acometer este tipo de reformas sin solicitar la subvención, también pueden deducirse en la declaración de Hacienda el total de la inversión hasta el límite fiscal. Es la primera vez que este tipo de subvenciones quedan liberadas del impuesto sobre la renta, una decisión del legislador para propiciar la gran rehabilitación que debe acometer España.

Respecto al IVA, para optar al tipo reducido es necesario que el objeto principal de las obras sea la construcción de la edificación y que el coste exceda del 25% del precio de adquisición. La guía ofrece un ejemplo práctico: si el valor de un edificio es de un millón de euros se deberá dividir dicho importe entre la parte que corresponda a a la edificación –por ejemplo, 800.000 euros– y la que corresponda a suelo –el 20% restante–. En este supuesto, para optar al IVA del 10%, el coste de las obras tendría que ser superior al 25% de 800.000 euros, es decir, 200.000 euros.

El documento señala también que tributan al tipo reducido las ejecuciones de obras cuando los contratos se formalicen directamente entre el promotor y el contratista.

Por todo ello, el director general de Vivienda y Suelo del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Francisco Javier Martín, aseguró que «nunca se han ofrecido ayudas con la intensidad que se va a producir en estos próximos años, ni las condiciones de la fiscalidad han sido tan favorables».

Casos prácticos.

A modo de ejemplo, la guía presenta varios casos prácticos que permiten cuantificar el impacto de las ayudas. Uno de ellos parte de una actuación de rehabilitación integral en un edificio de 20 viviendas, así como en el interior de estas. El coste total de la obra ejecutada en el edificio asciende a 600.000 euros, con una subvención de 376.000 euros. Cada propietario, por ello, tiene que asumir un gasto de 30.000 euros. Sin embargo, entre las subvenciones directas y las deducciones totales por IRPF el propietario obtendría un total de 25.520 euros, por lo que el coste final de la obra ascendería únicamente a los 4.480 euros.

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Fuente: Cinco Días

Es evidente que la cosa está complicada. Tras la pandemia, el conflicto ruso ucraniano, la subida de la energía, la inflación… complican, aún más si cabe, la vida a las empresas. Seamos optimistas: hay luz al final del túnel y también oportunidades.

El confinamiento debido a la pandemia dejó heridas de muerte a muchas empresas y a otras las generó grandes secuelas que, a día de hoy, muchas todavía sufren. Ahora, cuando parecía que todo esto empezaba a perder virulencia y el ritmo de crecimiento empezaba a coger cierta fuerza, la guerra en Ucrania, tras la invasión rusa, vuelve a poner contra las cuerdas la supervivencia de muchas compañías.

Como recuerda Antoni Cunyat, profesor titular de la Universidad de Valencia y profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC “ya en la segunda mitad de 2021 las empresas volvían a tener dificultades por la subida del precio de la energía. De forma que ese año acabó con una inflación del 6,5%, un nivel de inflación que no se veía en muchos años. Y, de hecho, la cesta del IPC en 2021, el 83% de los productos del IPC, habían subido de precio. Las empresas ya venían de un contexto de alta inflación, además del precio de la energía, que afecta a los costes de todo, porque si hay un bien que pueda afectar prácticamente a la totalidad de las empresas es el precio de la energía”.

Para Jordi Altimira, general partner de UpBizor, este conflicto ha venido a agudizar aún más lo que ya se estaba produciendo con la subida de las utilities [electricidad, gas…], en general, a nivel productivo, y de ciertas materias primas, fruto del reflujo que venía de la pandemia con una demanda de determinados productos y una crisis de oferta. “Si a todo eso, se le suma el conflicto entre Ucrania y Rusia, la subida del precio de la energía o problemas de abastecimiento con algunas materias primas como los cereales es como poner el dedo en la llaga. Además, habrá que esperar a saber cuál será el alcance real de lo que pase en Taiwán con la producción de chips”.

Subida de los costes de producción.

Entonces, en ese contexto ¿de precrisis? llega la guerra de Ucrania, “que provoca, ya no solo que aumente el precio de la luz y del gas, sino que también aumente el precio de los combustibles. De forma que las empresas, por producir la energía más cara y por transportar sus productos de fábrica a los lugares de venta, tienen que asumir unos costes de transporte más altos”, afirma Cunyat. Y a eso, sumamos las restricciones en las importaciones para muchas empresas, “por ejemplo, los materiales de construcción para las constructoras, por el incremento de precio sobre muchos productos procedentes de Ucrania y Rusia”.

Según Cunyat, ese incremento del precio de la energía se ha ido generalizándose al resto de productos: “Por tanto, el primer efecto directo es la subida de costes de producción”.

¿Qué efecto tiene esto desde el punto de vista de las empresas? Muchas compañías, como le suben los productos, intentarán subirlos también, “pero el impacto es desigual –dice este experto– dependiendo del sector porque no es lo mismo ser, por ejemplo, la única panadería de tu pueblo, que si le suben el precio de la harina y de la luz, pues sube el precio del pan, porque tienes más margen para hacerlo. Pero también si pones el precio del pan más caro, el cliente, en lugar de comprar 4 barras, comprará 3. Pero, si estás en un barrio donde haya 4 panaderías, el margen para subir los precios del pan será mucho menor. Por tanto, el efecto de esa subida de costes (productos y energía) para muchas empresas será el de repercutir esa subida en el precio de sus productos.

¿En qué medida? Pues dependerá del nivel de competencia que haya en cada sector, sino esos costes de producción irán a bajada de beneficios”.

¿Subir precios o sacrificar un poco los márgenes?

Subir los precios siempre es una decisión controvertida. “Si nos vamos a una estructura de margen y costes –sostiene Altimira–, subir precios es lo que nos permite mantener el margen y la rentabilidad. Pero, por ejemplo, cuando Mercadona hizo públicos los resultados de 2021 [facturó un 3,3% más, hasta los 27.819 millones, y redujo su beneficio un 6% por el impacto de los costes], había aumentado en facturación, pero había bajado en beneficio sobre ventas en un contexto pandémico.

Aquí es donde hay que plantear una estrategia. Desde un punto de vista financiero, es cierto que si quiero mantener márgenes no me queda otra que aumentar los precios al consumidor, pero también puedo sacrificar un poco el margen, mantener precios y ganar cuota, y que el consumidor vea que somos una compañía que mantenemos un buen criterio de costes y no le repercutimos todo a él y nos enfrentamos de forma conjunta a esa situación inflacionaria. Depende de cómo se haga puede ser una muy buena oportunidad para algunas empresas de ganar cuota de mercado. Si una empresa está bien capitalizada, si tiene caja para aguantar esa situación, puede permitirse perder margen a cambio de mantener o ganar cuota. Esta situación de gran volatilidad es una gran oportunidad para muchos emprendedores”.

El siguiente efecto directo de esta situación es que baja el poder de compra y los consumidores consumen menos: “Si sube el precio de la luz, los combustibles, la cesta de la compra… el poder adquisitivo de los consumidores baja, es decir, con el mismo sueldo pueden comprar menos cosas y eso repercute en las ventas de las empresas. Si mi poder adquisitivo baja, recortaré de aquellos productos y servicios no esenciales o de primera necesidad. Por tanto, esos recortes afectarán más a aquellos sectores de productos que no sean de primera necesidad como el textil o el de turismo”, asegura Cunyat.

Parte de la solución a este problema pasa por una variable que no es económica sino geopolítica: la guerra en Ucrania. “Si terminara ya, todos estos efectos podrían revertirse, pero conforme la guerra va durando en el tiempo, los efectos sobre la economía son como manchas de aceite. Imagina que cae un vaso de aceite en una mesa. Si levantas el vaso, el aceite es más fácil de recoger, pero si dejas que el aceite se extienda por toda la mesa, será más difícil de recoger. Igual pasa con esta situación. A medida que se alarga el conflicto, los efectos se van extendiendo por la economía”.

¿Y un pacto de rentas?

Cunyat recuerda que estamos padeciendo lo que los economistas denominamos como un shock de oferta. “Al estilo de la crisis del petróleo de 1973 o de 1979, el Gobierno ha propuesto muy sabiamente, bajo mi punto de vista, lo que se hizo en 1979. Los efectos de ambas crisis fueron muy diferentes. En el 79 se produjo un pacto de rentas. Ahora estamos comprando gas y petróleo al extranjero (Rusia y otros países) y eso nos cuesta más. Por tanto, como país somos más pobres. El pacto de renta establece que, siendo más pobres, vamos a ver cómo nos repartimos ese coste, porque si no nos ponemos de acuerdo en repartirnos ese coste puede ocurrir una ‘guerra’ entre trabajadores y empresarios en el sentido de a quién le endoso ese sobrecoste. Si suben los precios de todo y los salarios se quedan igual, todo el coste lo asumirán los trabajadores. Se trata de repartir ese coste entre todas las partes. Los efectos del shock del petróleo fueron menores que en 1973 gracias al pacto de rentas de 1979. En aquellos sectores más vulnerables o más dependientes energéticamente se pueden buscar medidas a corto plazo para que haya una transición más suave. Pero, no se puede hacer eso a golpe de decreto para contener todos los precios de la economía”, subraya.

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Fuente: Emprendedores

El euríbor tocó este martes el 0,225%.
Los consumidores buscan seguridad en un panorama de subida de tipos de interés.

El euríbor a 12 meses ascendió a cotas positivas en el mes de abril por primera vez en más de seis años y su escalada continúa. Si en enero se situó en el -0,477%, en abril registró de media el 0,013%. Y este martes 3 de mayo ya tocó el 0,225%.

En este contexto, muchos españoles dudan si aventurarse o no a comprar una vivienda. Y aquellos que se deciden a hacerlo son precavidos entre hacerse con una hipoteca a tipo de interés fijo o variable.

La gran incógnita viene por las dudas sobre el tipo de interés del préstamo, el porcentaje de comisión que pagarán las familias cada año al banco por contratar una hipoteca respecto del total del préstamo. Este interés está directamente relacionado con el euríbor, y si sigue subiendo de manera imparable, las hipotecas variables se encarecerán con fuerza en los próximos meses.

En este sentido, los consumidores parece que lo tienen claro: el préstamo a tipo fijo es el mejor en tiempos de crisis.

Según el Instituto Nacional de Estadística, el 73,8% de las hipotecas sobre vivienda que se contrataron en España en febrero fueron a tipo de interés fijo, mientras que el tipo variable se dio en el 26,2% de los préstamos.

La importancia de las hipotecas a tipo de interés fijo en España se ha disparado en el último año. Primero porque se abarataron mucho, y ahora por la seguridad que aportan. Echando la vista atrás, en diciembre de 2020, los préstamos fijos fueron minoría (47,9% del total de hipotecas firmadas) y antes de 2015 apenas representaban el 10%.

Esta subida espectacular del interés fijo tiene que ver con que los intereses de los préstamos fijos y variables se han acercado mucho desde el comienzo de la pandemia, como muestran las cifras.

Según la Asociación Hipotecaria Española (AHE), el tipo de interés TEDR (tipo efectivo definición restringida, que equivale a TAE sin incluir comisiones) medio para los préstamos a la vivienda contratados en diciembre fueron los siguientes:

-TEDR en Hipoteca fija a más de 10 años: 1,69%

-TEDR en Hipoteca variable: 1,31%

Pese a que el tipo de interés es superior en los préstamos variables, la diferencia es mucho menor que en el pasado.

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Fuente: El Economista

Las comisiones bancarias vuelven a estar en el centro del huracán después de que, el pasado mes de abril, algunas entidades hayan cobrado hasta 60 euros a sus clientes por el mantenimiento de sus cuentas.

El incremento generalizado de las comisiones viene de lejos. Comenzó en 2019 y, desde entonces, la mayoría de las entidades han encarecidos sus cuentas. De ahí que muchos consumidores se hayan preguntado si el banco puede aumentar las comisiones de una cuenta de forma unilateral.

«Cada banco es libre de fijar los precios que quiera», señalan los expertos del comparador de productos financieros HelpMyCash.com, que han analizado cuáles son los bancos que cobran menos comisiones.

La realidad es que la normativa actual no establece límites en las comisiones que pueden cobrar los bancos a sus clientes, salvo en contadas excepciones como ocurre, por ejemplo, con la amortización anticipada de una hipoteca. Pero en lo que respecta al mantenimiento de las cuentas corrientes, los bancos tienen carta blanca para cobrar las comisiones que consideren oportunas.

De hecho, «el Banco de España no autoriza ni consiente, no puede denegar, ni limitar, el importe de las comisiones bancarias», afirma el regulador.

Y eso significa que, igual que el precio de una botella de aceite o la cuota del gimnasio puede subir, también puede hacerlo el coste de una cuenta corriente. Por lo que, aunque muchos consumidores lo pongan en duda, el banco sí puede subir las comisiones de las cuentas corrientes y modificar las condiciones contractuales, siempre y cuando avise con al menos dos meses de antelación.

CUENTA PARA PAGAR LA HIPOTECA

¿Y qué ocurre con las cuentas vinculadas a una hipoteca, a un préstamo personal o a un depósito? En este caso, la cosa cambia. Si el contrato se firmó después de abril de 2012 y el único propósito de la cuenta es cobrar los intereses del plazo fijo o pagar las cuotas del crédito, el banco no puede incrementar las comisiones que se hubiesen fijado en su momento mientras el producto asociado siga vigente. Y si el contrato se firmó antes de abril de 2012, la cuenta, directamente, no puede tener gastos de mantenimiento.

¿QUÉ HACER SI EL BANCO SUBE LAS COMISIONES?

«Si el banco ha incrementado las comisiones de nuestra cuenta, tenemos la opción de irnos», señalan desde HelpMyCash. Aunque también se puede valorar la posibilidad de cumplir las condiciones de la entidad para no pagar comisiones o, incluso, cambiar de cuenta dentro del propio banco.

Aunque algunas entidades le pidan al cliente que contrate seguros o planes de pensiones para no cobrarle comisiones, en otras es suficiente con domiciliar una nómina y varios recibos para operar gratis. Pero también hay bancos sin comisiones que no piden una nómina.

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Fuente: El Mundo